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Manifiesto de Interludio

Este es el evangelio en el que creemos:

Creo en un evangelio sin excusas y sin exclusas. Un evangelio que no pone excusas para ayudar a la gente, para servir a los necesitados. Sin exclusas, es decir, que no excluye a nadie.
 
Creo en un evangelio que acepta a altos y bajos, gordos y flacos, blancos, negros, chinos, indios, feos y guapos, peludos y calvos.

Creo en un evangelio lleno de colores, donde todas las razas, todas las modas y todas las formas se dan la mano para construir juntos el reino de Dios.

Creo en un evangelio que no toma en cuenta las clases sociales, porque éstas separan a los seres humanos; sino que toma en cuenta los corazones porque éstos unen al mundo.
 
Creo en un evangelio que sabe perdonar.

Creo en un evangelio que siempre sabe empezar de nuevo.  

Creo en un evangelio que une y no separa. Que une familias, une amigos, que une humanos y une manos para llenar la tierra de gente bondadosa y misericordiosa.
 
Creo en un evangelio transparente, humilde, que no engaña, que no miente.

Creo en un evangelio que defiende a los suyos y que  a los que no son suyos, también los defiende.
 
Creo en un evangelio que no diferencia entre ricos y pobres, entre los de arriba y los de abajo.

Creo en un evangelio que siempre sabe pagar más y cobrar menos.

Creo en un evangelio honesto que acepta sus errores.

Creo en un evangelio que ilumina, no encandila ni enceguece.
 
Creo en un evangelio que siembra la paz a pesar de la guerra.

Creo en un evangelio que no bombardea ciudades, ni corazones, para salirse con la suya.

Creo en un evangelio que comparte sus logros aun con sus enemigos, porque hemos sido llamados a amarnos los unos a los otros. Creo en un evangelio capaz de vencer las diferencias, capaz de olvidar las heridas del pasado.

Creo en un evangelio que siembra el corazón hoy, porque sabe que mañana cosechará corazones.
 
Creo en un evangelio que trabaja con el alma, no con el dinero.

Creo en un evangelio que trabaja por las almas, no por el dinero.

Creo firmemente en un evangelio que defiende los derechos de la mujer, que aborrece la violencia doméstica.

Creo en un evangelio que dice a los hombres que ellos tienen el derecho a ser frágiles, débiles, el derecho a llorar y a ser pobre, porque les recuerda que bienaventurados son los que lloran.

Creo en un evangelio que defiende los derechos de los niños.
 
Creo en un evangelio que hace sabio al infante, humilde al millonario, digno al desposeído, que devuelve la juventud a los ancianos, que le regresa la sonrisa a los que sufren, a los solitarios, a los rechazados, porque les recuerda que también ellos serán bienaventurados.
 
Creo en un evangelio que no compite por tener la iglesia más grande, sino que lucha a brazo partido por compartir el amor más grande.

Creo en un evangelio que no ha olvidado que los últimos serán los primeros.

Creo en un evangelio que sabe dar la otra mejilla, descalzarse de su sandalia y caminar la otra milla.
 
Creo en un evangelio que cree en el matrimonio y odia el divorcio, pero que paradójicamente no discrimina a los divorciados.

Creo en un evangelio que sabe sonreír y olvida señalar.

Creo en un evangelio que puede cambiar el mundo.

Creo en un evangelio que quiere cambiar tu mundo.

Mi evangelio cree en la familia, mi evangelio cree en la solidaridad, en la fidelidad, en la lealtad.
 
El evangelio en que creo se opone activamente a los atentados contra la libertad de los pueblos oprimidos.

El evangelio en que creo no se resigna, sino que posee un valor temerario que nos impulsa a vivir una experiencia sin techo.
 
Creo en un evangelio que sabe que "tierra prometida" significa "vida en la encrucijada" porque no es una pieza de museo que descansa tranquila en un armario.

Evangelio es luchar, es un constante decidir, elegir, escoger.

Creo en un evangelio que nos recuerda que Jesucristo vivió una vida "en la encrucijada" y fue crucificado en la cruz de los maderos cruzados, el es el Sr. Encrucijada.
 
Creo en un evangelio que trabaja por la justicia, porque sabe que la mayor evidencia del reino de los cielos es la justicia en la tierra.

Creo en un evangelio que ataca los males, pero no mata a los hombres.

Creo en un evangelio que sabe sanar las heridas, dar vista a los ciegos, abrir los oídos de los sordos y resucitar a los muertos, porque éste es un evangelio de pocas palabras y de muchos hechos.
 
Creo en un evangelio que baila tango, que toca jazz y que se viste de payaso; para que bailen los paralíticos emocionales, para que los cautivos encuentren la libertad sin pentagramas, y para que rían los que ya no tienen boca, ni labios ni dientes, porque el mundo los ha obligado a callar.
 
Creo en un evangelio que bautiza a los sin nombre, que recuerda a los olvidados de la tierra, y que condecora a los héroes de la miseria.
 
En fin, creo en un evangelio vivo, fuerte y eficaz, que siempre deja huella por donde pasa.

Mi evangelio cree en todos ustedes, mi evangelio cree en nosotros porque nosotros ya no somos los mismos, hemos sido marcados por el Poder del evangelio.
 
Creo en este siglo que nos ha tocado vivir.

Creo que tú y yo somos el evangelio de nuestra generación que está emergiendo... Únete y deja huella.

Reuniones

Día y hora: Domingos, 10:30 a.m.

Lugar: Auditorio Sasso & Sasso, Universidad Veritas.

 

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